Hoy en día pareciera que todos caminamos con la mirada hacia abajo, deslizando el dedo en una pantalla. Y sí, me incluyo. Es fácil caer en esa dinámica. Pero cuando salimos a la calle, al parque, a una cafetería o simplemente a comer, tal vez deberíamos intentar volver a lo básico. En una sala de espera —ya sea en un hospital, en el salón de belleza o en el dentista— casi no se ve a nadie mirando al frente, observando el entorno o simplemente dejando que la mente divague. Todos están absortos en sus teléfonos. Yo, en cambio, muchas veces me quedo mirando a las personas, observando en silencio… y siendo honesta, termino guardando el celular porque me siento saturada. Como si necesitara respirar del ruido digital. Cuando salgo, procuro no sacar demasiado el teléfono, y mucho menos si estoy sola con mi hija. Necesito tener todos mis sentidos puestos en ella y en lo que nos rodea. Estar presentes no es solo estar físicamente; es mirar, escuchar, anticipar, acompañar. Cuando estamos fuera d...
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